ARRIBA

SIN MEDIDAS

Cuando recibí el evangelio sentí una conmoción en todo mi ser. Si pudiera definirlo en palabras, aunque no creo que eso sea posible, seria algo como ¡Esto es lo que quise escuchar toda mi vida! En ese momento recibí el amor de Dios y por primera vez me sentí completa y muy amada porque en ese preciso momento estaba sucediendo lo mas grandioso que le puede ocurrir a una persona: Jesús me había encontrado. Jamás pensé que existía un Dios que podía estar cerca de mi, jamás pensé que podía tener una relación con Él porque lo veía tan lejano que no pensé que alguna vez lo llamaría Papá. Jamás pensé que había una vida en él y menos que pasaría la eternidad a su lado. Jamás pensé que me amara y que yo podría llegar a sentir amor por él. Jamás pensé que alguien podría amarme sin ser de su agrado, sin ser compatibles, sin tener la medida y es que eso ocurrió:  Él me amo sin medidas…

¿Acaso alguien iría a comprarse ropa y escogería la que no le calza? ¿Acaso alguien llamaría amigo a quien no es de su agrado? ¿Acaso en un trabajo aceptarían a una persona que no cumple con los requisitos?  Así me siento cuando pienso en la escogencia de Dios. Me imagino que el salió un día y dijo voy a escoger a mis hijos entre todos estos miles de millones que están al frente de mi.  Humanamente pensaríamos que tenían que cumplir con requisitos, exigencias, cualidades, talentos, aptitudes, para merecer ser llamados ” Hijos de Dios”. Por una extraña e ilógica razón, Él me escogió, no había por donde yo mereciera aquel título, definitivamente no daba la medida en nada, pero el me amó aun sin darla. La definición de quien yo era no calzaba en ningún molde que dijera Hija de Dios, nada en mi merecía ese nombre. El me escogió Solo por amor. Un amor tan infinito, tan original, tan fuera de lo conocido.  Cuando vine a este mundo, esto ya había ocurrido, mis padres ni siquiera existían ni mis antepasados más pasados, Él ya me había escogido, Él ya me conocía, Él ya me había apartado y predestinado para llevar sus genes, para llevar su Espíritu, para hacer su voluntad. 

Puedo decir que me amó sin medidas, sin darla y jamás la daré, jamás voy a ser merecedora de un amor tan largo, ancho, profundo y con la longitud del amor de Cristo el que fue capaz de dar su propia vida. ¿Acaso hice algo bueno? ¿Acaso merecía este regalo? Se que no y eso es increíble, de esa forma Dios me demuestra su amor que siendo pecadora Cristo decidió dar su vida por mi, cada paso hacia la cruz fue por amor. Y este es un amor tan incomparable, extraordinario e impresionante que no debemos olvidar jamás, no solo fue aquel glorioso día si no que día a día a través de su Espíritu nos demuestra su amor. Y el no tener la medida ni mérito alguno es muy bueno, eso permite que jamás nos jactemos ni nos creamos mejores que nadie porque éramos lo vil y menospreciado ante los ojos de Dios, y así esa misma gracia y amor que hemos recibido entreguemos a los demás, un amor que no busca lo suyo si no que se da por otros sin exigir un parámetro o una medida para dar ese amor. 

Pero esto no termina aquí. Su amor no estaría completo si permitiera quedarme en ese estado, por el contrario, es tan completo que al amarme me regalo el honor de comenzar una obra en mi que ira perfeccionando hasta llegar a ser como su Hijo Jesús, no es que Dios necesite que yo sea perfecta para amarme, si no es que me ama por eso desea la regeneración de mi naturaleza caída. Ya que, si no fuera así, no podría pasar una eternidad a su lado y su amor tendría un fin, Él no puede negarse a si mismo Dios es santo y yo soy pecadora, en ese estado no puedo tener comunión con Él. Pero Él me ama ahora mismo, me amó antes, me ama durante y me amará cuando llegue gradualmente a ser como Jesús. Su amor incluye su paternidad, el ser formados, el ser corregidos, sus NO, sus exigencias, sus parámetros, sus mandamientos todos buscan regenerarnos y acondicionarnos para algo mayor, la eternidad.  Y gracias a ese amor que comenzó una obra en mi vida, ese amor que me dará la forma de Jesús, estaré para siempre junto a Él. Ese amor permanece cada día en los días buenos, en los no tanto, en los de abundancia, en los de necesidad, en los que tengo fuerzas y en los que me siento cansada, en todo tiempo, lugar, situación, su amor es fiel y está presente, es tan incontenible que traspasa barreras y siempre encuentra la forma de hacerse tangible. 

Hoy vivimos en una época donde el amor por el hombre cada vez es mas notorio y desmedido, el hombre se ama demasiado y debemos cuidarnos de estas corrientes. No debemos ver el amor incondicional de Dios ni el que el nos haya amado sin medidas como una oportunidad de descanso ni de quedarnos tal como somos al fin y al cabo el me ama. Pensemos por un segundo porque queremos el amor de Dios, y es que a veces disfrazamos el egoísmo y amor propio incluso en esto. Puede ser que desees el amor de Dios para no ir al infierno, para no tener una conciencia culpable, para tener un matrimonio restaurado y una vida prospera y sin sobresaltos. Pero si eso es todo lo que esperas de Dios no estas en lo correcto. Realmente su amor se trata de Él, de conocerle a Él y a su Hijo. Es tener comunión con Él, es estar satisfecho y felices en Él. El fin de su amor es llevarte a casa donde podrás disfrutar de la compañía del Señor para siempre.

¿Deseas esto realmente? ¿Quieres ser amado por Dios y para Dios o tan solo quieres ser amado por Dios porque se siente bien que haga tantas cosas por ti?

Y este amor tan genuino, no me enaltece en nada, no nos deja a nosotros como el centro o lo que debe ser alabado, solo lo exalta a Él y lo hace único y digno de todo lo que somos. El nos ama de una manera que lo hace grandioso a si mismo, no a nosotros, su amor es un don un regalo una ves mas inmerecido como todo lo que el nos entrega. Su amor nos transforma para su Gloria. Deléitate en esto: ¡En Cristo somos infinitamente amados, mas allá de esta vida por la eternidad! Su amor queda en evidencia en que me amó sin medidas y ese mismo amor me dará un día la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.  

El amor que excede a todo conocimiento.

Efesios 3:14-21

Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo,  de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra,  para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu;  para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor,  seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.  Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén.

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