ARRIBA

LO BUENO QUE DEJA LO MALO

Luego que el Señor saliera a mi encuentro y me mostrara su inmenso amor comenzó a trabajar en un área de mi vida: mi carácter, dentro de eso mi autosuficiencia y orgullo, pude darme cuenta quien era realmente, a través de situaciones que ocurrían se dejaba ver que mi corazón estaba lleno de un ego gigante, en algunas ocasiones incontrolable e inmanejable.  A raíz de esta gran verdad que no quería reconocer, comencé alejarme de Dios , sentía que Él era malo conmigo, no me aceptaba tal como era, pensaba que su amor hacía mí se había agotado, realmente no entendía que en ese momento el amor de Dios estaba en su máxima expresión revelándose como un Padre que quería corregirme, limpiarme y regenerarme desde lo más profundo. 

Pasó un tiempo y la verdad es que fue bastante, en el que no entendí el trato de Dios hacía mi vida, mis convicciones  tomaron más fuerza y me alejé cada vez más de Él y de su presencia, esto me llevó a pecar y fallar aún más, todo por el simple hecho de no entender ni dimensionar más allá de mi mente limitada, lo glorioso y eterno que era el plan que Dios tenía y que aunque yo no lo quisiera,  Él ya había echado andar. Llegó un momento en el que ya no daba más y fue cuando rogué a su Espíritu Santo que me ayudara, no sabía que hacer mi vida estaba destruyéndose por mi propia culpa, ahí entendí gracias a su Espíritu que su amor también incluye su corrección, su disciplina, el no permitirme quedarme con ese carácter que no solo me dañaba a mi si no que mi relación con Él y con los que me rodeaban, Él me salvo de mi mismo. A través de esto Él se reveló como un padre y formador.  

Ahora después de varios años en un trato constante de parte de Dios puedo decir que no estoy completo, que me faltan muchas cosas y que debo sacar unas cuantas. Pero hasta este punto he comprendido que a través de la humillación y la humildad, mi orgullo y ego pierden fuerzas permitiéndome entender lo eterno. 

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