ARRIBA

¿OBEDECES?

Desde que somos pequeños, nuestros padres comienzan a entrenarnos para que naturalmente podamos ser obedientes a sus órdenes, por lo tanto, si somos capaces de analizar agudamente la historia de nuestra vida, podríamos reconocer inmediatamente nuestra desobediencia. Probablemente si hiciéramos una comparación, notaremos que hay hijos más obedientes que otros, sin embargo, calificamos como desobedientes sí o sí. En ese sentido, si somos más honestos aún podemos dilucidar que la mayoría de las veces no cedemos de buenas a primeras frente a las órdenes que se nos dan, es decir, posiblemente, en primera instancia nuestra inclinación más profunda es llevar a cabo nuestro deseo y no aquello que nos demandan.

Teniendo clara la idea anterior, es posible comprender que somos seres completamente desobedientes, la mayoría de las veces obedecemos por miedo, cobardía a no imponernos o por dar una buena impresión tal vez, pero podemos plantear hoy la pregunta, sobre ¿qué corazón necesitamos tener para ser completamente obedientes a lo que Dios nos pide? 

He escuchado muchas veces por parte de mis pastores, en prédicas y distintas situaciones que debemos ser obedientes con Dios, que no podemos seguir nuestro corazón y de plano obedecerle. Pero de todo aquello que nos exige la escritura, aquello que nos amonesta en distintas situaciones el Espíritu Santo, aquello que se nos exige en las reuniones de nuestra iglesia local, aquello que de una u otra forma entendemos que va en contra de la naturaleza de Dios, ¿verdaderamente obedecemos?¿nos disponemos con un corazón humilde, sumiso a obedecer de buenas a primeras? plantearnos estas preguntas podrían probablemente resumir nuestro nivel de obediencia, nuestro nivel hasta de amor, sí de amor, porque cuando estamos totalmente dispuestos a obedecer a Dios es porque entonces lo estamos amando de  verdad.

El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.

Juan 14.21

Hay 2 cosas que necesitamos para que nuestra obediencia sea inmediata, una de ellas es convertirnos en un hombre espiritual, ya que la única forma en que se dé esta condición es que todo lo que somos esté totalmente influenciado por el Espíritu Santo, y lo segundo es amar a Dios por sobre todas las cosas, partiendo por nuestros deseos, sueños, opiniones, intenciones, y pensamientos, ya que cuando estamos dispuestos a deshacernos de todo lo que somos, de todo aquello que está en nuestra alma sea grande o pequeño, entonces sólo en ese instante estamos amando intensamente a Dios por sobre lo que somos. Cuando estas 2 condiciones estén actuando en nuestras vidas obedecer de manera absoluta  ya no será imposible, sino un deleite, porque así agradamos a nuestro Señor. 

Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando.

Juan 15.14

Deja tu Comentario