ARRIBA

UN MUY SANO AMOR PROPIO

El amor propio, ese amor que supuestamente es tan sano y que cada uno de nosotros debe cultivar, el tipo de amor que, según dicen, me hará amar a quienes me rodean de una mejor manera porque ¿cómo podré amar a otros si no me amo yo mismo, verdad? Bueno, eso es lo que muchos repiten por estos días, y las redes sociales son en especial, el lugar donde el mensaje del amor propio encuentra mayor eco, y es que ellas son un espacio donde muchos de nosotros buscamos no sólo entretenernos y pasar el tiempo, para muchas personas también son el lugar perfecto para encontrar aceptación, para sentirnos relevantes y además, un lugar donde poder saciar nuestra necesidad de atención. Es por eso que el mensaje del amor propio encuentra en las redes sociales un nicho importante, y es que entre tantas personas que ojean miles de publicaciones día a día, de seguro hay muchos de ellos que tienen la verdadera necesidad de saberse queridos y dignos de que otros los admiren y reconozcan.

Seamos honestos, todos nosotros queremos sentir que lo hacemos bien, que lucimos bien, o que hay algo en nosotros que es especial o único, es un anhelo común y que quizás en sí mismo no es malo, el problema está en cuánto estamos dispuestos a sacrificar para sentirnos bien con nosotros mismos. Aquí es donde los límites deben estar muy claros, si la verdad bíblica es lo que va a ser sacrificado, estamos frente a un problema de proporciones. Y es que el afirmar el amor propio de una persona, pocas veces va a tener su asidero en las cualidades que posea, esto porque todos somos insuficientes, no hay ninguno de nosotros que sea tan brillante, tan hermoso o tan talentoso como para nunca sentirse inseguro o incapaz.

Entonces, ¿de dónde viene el amarme a mí mismo? Es muy sencillo, de reconocer que Cristo me ama, y si él me ama ya no necesito más afirmación positiva de quién soy, siendo lo que soy, Cristo murió por mí para salvarme, siendo esta la fuente de mi valor como persona, creo que no podemos dudar ni por un segundo de que somos valiosos, importantes y sobre todo, amados.

Sé que puede parecer que no comprendo las luchas que experimentan algunos de los que leen esta columna, créanme que sí, sin embargo, y aun reconociendo eso, creo que es de vital importancia que hagamos todos los esfuerzos posibles y que con la ayuda del Espíritu Santo, comencemos a mirarnos a nosotros mismos de la forma en que Dios lo hace, y esto es claramente,  con gran amor y gracia, pero también con la conciencia de quien tiene una misión que cumplir. Es por eso que el cristianizar la idea del amor propio no es fructífero, porque si permanecemos concentrados en nuestras falencias, debilidades o necesidades, entraremos en un despropósito, ya que concentraremos nuestras energías, recursos y atención en llenar los espacios vacíos que hay en nosotros. Pero ese no es el llamado de Cristo, él más bien espera que pongamos nuestras ansiedades delante de la presencia del Padre, y desde ese lugar nos llenemos de confianza para vivir la vida a la que él nos llamó, una vida diferente, donde el centro es lo que Dios quiere de mí, y muy después está lo que yo quiero para mí. Sé que esta idea no es muy popular, pero preguntémonos, ¿Es el evangelio una corriente popular?, creo que la respuesta es obvia.

Aquí algo de lo que Jesús dijo:

”Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame”

Lucas 9:23

Ya para finalizar; nuestro problema no es que no nos amemos, es que nos amamos demasiado, es que pasamos demasiado tiempo atendiendo nuestras propias necesidades, prestando atención a lo que nos hace sentir bien y también invirtiendo en nosotros mismos. Debemos cambiar, solo de esta manera podremos agradar a Dios, negándonos a nosotros mismos y haciendo lo que nos encomendó a todos, ser como Jesús.

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