ARRIBA

NO HAY NADA MÁS IMPORTANTE

Una de las cosas que a menudo nos ocurre, es perder el propósito y el sentido de nuestra vida. Por diversas razones nos distraemos con facilidad, seguimos otras pasiones o caminos, nos desanimamos, nos frustramos, damos espacio a la amargura o continuamos haciendo cosas que a los ojos de los hombres pareciera que estamos conectados, pero nuestro corazón está lejos.

Ponemos la mirada en cosas pasajeras, terrenales y finitas y perdemos de vista lo eterno, infinito y verdadero. Podemos hacer muchas cosas, pero solo cuando estamos conectados con la fuente de vida, es que realmente estamos vivos. Continuamos existiendo, realizando actividades como una máquina que posee memoria o un operario que ya conoce de forma mecánica sus labores, y perdemos de vista lo que realmente importa: Jesús. Todo fue creado por él y para él (Colosenses 1:16), incluso tu y yo fuimos escogidos para llegar a la estatura de un varón perfecto ¿Quién es? Jesús, para que él sea el mayor entre muchos hermanos (Efesios 4:13 / Romanos 8:29).

Detengámonos un momento y pensemos en el día de hoy, en lo primero que pensamos esta mañana, en lo que estamos abrazando durante este día, en nuestros corazones y mentes, cuál o quién es nuestra pasión, el motor, aquello que ocupa la mayor parte de nuestros pensamientos, fuerzas y deseos, eso que antes de entrar en profundo sueño nos visita. Vamos un poco más atrás, el día de ayer, la semana pasada, el mes pasado y los últimos de nuestros años ¿Realmente estamos viviendo para agradar a Dios, realmente estamos buscando el favor de Dios o solo estamos buscando el de los hombres?

Probablemente en un punto todos comenzamos deseando esto, en el momento que Dios llegó a nuestra vida se encendió en todos nosotros el deseo de agradarle y vivir para él. Pero ¿En qué momento nos cansamos, qué sucede dentro nuestro que no nos deja ser fiel a nuestras promesas, en que momento Dios deja de ser lo primero, por qué nos acomodamos y nos acobardamos a tal punto que nos importa más este mundo y la opinión de los hombres que la de Dios, en qué momento nos parece más atractivo aquello que no está en los planes de Dios, y subestimamos su voluntad?

Existen muchas cosas que nos hacen acomodarnos y desviar nuestra mirada. Por ejemplo, nuestra ansiedad y la impaciencia, el querer alcanzar metas o cosas sin esfuerzo y en el menor tiempo posible. También nos gusta tener el control de todo en nuestras vidas, nos gusta lo seguro, autogobernarnos, tomar nuestras propias decisiones para así apaciguar nuestros miedos más profundos. Pensamos que si ayudamos un poco a Dios podemos cambiar su voluntad, pasando por alto su soberanía.

Nuestro corazón cree que obtener nuestros sueños nos hará felices y plenos, vamos tras de ellos creyendo que serán una ruta más rápida y comenzamos a tomar decisiones fuera de la voluntad de Dios (Proverbios 21:2). No solo por seguridad y autosatisfacción, sino que también lo hacemos porque de una u otra forma queremos agradar a otros, que nos reconozcan, nos admiren, nos aprueben. La sociedad está consumida con el amor propio y el placer personal se antepone a cualquier costo, entonces hay un momento donde debemos decidir: Obedezco mi corazón, su vanidad y agradar a los hombres o por el otro lado obedezco a Dios, dejo de lado mis sueños y tomo mi cruz. Cada vez que soltamos la voluntad de Dios, soltamos la cruz y comenzamos a agradarnos a nosotros mismos, lo perdemos de vista y una vez más nos desviamos.

La mayor parte del tiempo agradar a Dios nos llevará a lugares donde no queremos ir, nos hará renunciar a sueños, tendremos que hacer cosas que no son de nuestro agrado, tendremos creerle a Dios, aunque para los demás o incluso para mí mismo sea algo sin sentido. En la voluntad de Dios no hay garantías más que agradar a Dios y depender absolutamente de él. Nuestro gozo y esperanza debe estar en que lo estamos agradando a él. La obediencia a Dios la mayor parte del tiempo es el final de un sueño, a veces pensamos que, si hacemos lo que las escrituras o el Espíritu Santo nos está guiando hacer seremos infelices, pero la biblia nos dice que su voluntad es agradable y perfecta. Tal vez lo que Dios hoy te está pidiendo es permanecer soltero, seguir en un trabajo o dejarlo, predicar a otros, escoger una carrera universitaria o ser misionero. Y nuestra mente limitada nos hace verlo como algo terrible, calculamos humanamente las cosas y es imposible que resulte todo bien. Deseamos estar bien con Dios, deseamos sus caminos y sus promesas, pero a la vez dudamos que de alguna forma él pueda convertir nuestra obediencia en paz, gozo y plenitud.

En ese momento debemos recordar que Dios es digno, él es soberano y si pongo mi vida en sus manos, todo lo que suceda me ayudará a bien y será él quien esté detrás de todo, él es mi hacedor y un padre sabio (Romanos 8:28). Eso no significa que será todo perfecto, sin sufrimiento y fácil. Significa que en medio del dolor, de lo bueno y lo malo, de la abundancia y la escasez, de la salud o enfermedad, de pruebas, soledad o compañía, de correcciones, en medio de todo lo que pueda venir dentro de su voluntad, él estará el dentro mío y a mi lado para guiarme, fortalecerme y moldear su carácter en mi.

Hacer las cosas para Dios con un corazón sencillo y honesto delante de Él te dará paz, y te hará correr legítimamente la carrera ya que Dios es omnipresente y el conoce las intenciones de nuestro corazón. No te canses de sembrar en el espíritu haciendo lo que Dios te dijo, porque cosecharás vida eterna. (Gálatas 6:8 / Colosenses 3:1-4) El propósito del hombre es glorificar a Dios y ser pleno en el. Jesús es glorificado en mí, cuando yo estoy satisfecho por el. Una de las mayores promesas está en 1 Tesalonicenses 4:17-18 Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.   Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.

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