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MISIONES EN EL CORAZÓN DE JESÚS

Hace ya cuatro años he tenido el privilegio evangelizar y enseñar a niños, en un principio desde mi iglesia local, también en misiones esporádicas en el lugar donde resido actualmente.

Siempre pensé que no tenía la capacidad de actuar y transmitir lo que Jesús pretende dar a conocer, que no tendría las palabras o las cualidades suficiente para cautivar la atención de los pequeños y que pudieran aprender. Ante tantas falencias y deficiencias, la gracia de Dios me ha enseñado a través de las misiones, que lo único que necesitamos es disponer nuestra vida ante su voluntad, obedecer a su voz cuando dice que dejemos nuestra vida y llevemos el evangelio hasta lo último de la tierra, que amemos con aquel amor que cubre miles de errores, que vivamos aquella fe acompañada de obras, obras que te llevan a dejar los afanes, dejar a tus amados, tus sueños que quizás no son malos, pero de seguro que Dios tiene mucho mejores. En fin, nada debe ser lo suficientemente importante como para que te impida hacer la voluntad de tu Padre.

A los días de haber llegado a vivir aquí, comencé a olvidar lo que pensé no tener y comencé a reunir a niños.

Cuando hablaba con ellos sólo pensaba en el gran amor que Jesús tenía para darles, sentí ese amor como propio, veía sus necesidades de afecto, algunos de ellos completamente abandonados, sus ropas inmundas, sus manos, su piel, sus dientes, y más, todo lo que veía necesitaba limpieza y yo quería darles todo aquello que les faltaba, quería bañarlos, darle ropa y zapatos nuevos, enseñar hábitos que los niños de mi iglesia local ya habían adquirido, pero que ellos jamás habían tenido. Fue ahí cuando sentí amor y misericordia por ellos, no me importaba su aspecto sólo quería amarlos y enseñarles a llevar una nueva vida.

Entonces fue cuando el Espíritu Santo me enseñó a mirar con otros ojos, me dí cuenta que estaba frente a los niños que representaban todo lo que yo era antes sin el perdón de mi Padre, lejos de él mi corazón estaba lleno de inmundicias, vanidades e individualidad que no permite amar ni dar nada, mientras que Jesús está dispuesto a limpiarte de todo y transformar por completo lo que eres.

Las misiones me han llevado más cerca de Jesús, puedo vivir su voluntad y ver que sigo necesitando de él para llevar su evangelio, que toda incapacidad o miedo son dejados atrás mientras él actúa en ti, que no importa a donde vayas o de donde vengas, sin la gracia de Dios es imposible amar, perdonar y avanzar. Sé que las misiones están el en corazón de Jesús, él nos envía a los olvidados, despreciados y claro, también a los más necesitados, ya sea en sus almas o en sus cuerpos.

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