ARRIBA

HIJOS REVELADOS POR SU LUZ

Eran cerca de las 01:30 hr. de la madrugada, cuando venía viajando a casa por la carrera, y de momento mi acompañante decide hacer una parada al costado del camino, pues se sentía muy cansado.
Tomó unos chocolates y un poco de agua para quitar su concentración del sueño que le abordaba. El perímetro estaba completamente oscuro. Solo se dibujaban breves haces de luz de los vehículos que pasaban a 120 km/hr. Y las de nuestra camioneta que iluminaban el camino. Cuando de momento me hace el siguiente comentario: 

Para ti hablar de Dios, de Jesús… es tan natural … es como que los conocieras en persona, como si fueran reales, como si lo llevaras en la piel. Lo quedé mirando y le pregunté a qué venía ese comentario. De seguro era por algo que habíamos conversado hace un tiempo atrás.

Exhalé y tome aire junto con una cuota de silencio para responder a lo que me había comentado. Yo debía responder con sabiduría, para que lograra entender de manera simple pero profunda, lo que iba a explicar. 

Tomé las llaves del auto, y apagué el motor, el aire y las luces, quedamos en una boca de lobo profunda. Con suerte podíamos ver nuestras manos a la débil luz de la luna en un sitio rural. Y comenzó el diálogo. 
Le pregunté: 

¿Puedes ver algo claro, puedes conducir de esta forma?
¡Claro que no! . Respondió.

Y añadí: – Todos los hombres, todos los seres humanos llegamos a este mundo con una venda, un bruma espesa que impide que veamos con claridad todos los ámbitos de la vida y sobre todo el mundo espiritual. 

Luego, volví a tomar las llaves del vehículo, le di contacto al motor y encendí las luces, y le dije:

-Esto pasa cuando Jesús llega a tu vida. Ilumina tus ojos y puedes ver todo con claridad. Ves lo que antes no veías. Sientes lo que antes no sentías, piensas y hablas de cosas que no sabías, es decir tu vida es iluminada por la luz de Jesús, los ojos de tu entendimiento son abiertos por el espíritu de Dios.

 “para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos,”

Efesios 1:17-18 

Para lograr entender lo que Dios quiere para nuestra vida, pareciera que necesitaremos la vida entera, porque ¿quién conocerá la mente de Dios?.

Muchos de los que entramos en el camino de conocer a Jesús comenzamos una nueva vida, un mundo totalmente diferente. Si lo piensas, existen casi 7 mil millones de personas en el mundo con un sin fin de religiones, y cada vez aparecen más. Pero – ¿cuál de todas es la verdadera?… Simplifiquemos la ecuación, hablemos sólo de los que creen en Cristo Jesús como “El Salvador”, los cristianos. Si queremos pertenecer a alguna de ellas, debemos comprender sus formas, reglas y estructuras para estar acorde al resto de los demás “hermanos”. Algunos con días específicos de adoración a Dios, otros con trajes pomposos, cortes de pelos estandarizados, instrumentos que según ellos, califican con lo que a Dios le agrada, lugares geográficos en “donde Dios habita realmente”, algunos con el argumento de la pobreza como muestra de la humildad, otros con la corona real y el manto profético mesiánico, etc… En resumen, la mayoría posee argumentos nos han distanciado de lo que es realmente conocer al Padre, a Jesús y al Espíritu Santo, separándonos del camino, de la verdad y la vida.

Cuando Cristo llega nuestra vida, se encienden las luces de la casa, llega la sabiduría y la revelación, Él limpia nuestro interior y deja todo en orden para poder ser llenos por el Espíritu de Dios, y desde aquí en adelante debemos depender del ayudador, del Espíritu Santo, para que en cada periodo de nuestra vida Él vaya iluminado, despertando y revelando lo que Dios quiere para nuestra vida.

Sin luz en el camino andamos perdidos,  desorientados, llenos de temor, estrellándonos con paredes, enredados, y Dios no quiere eso para sus hijos, pues él es un padre celosamente amoroso y preocupado por lo que le pertenece, es decir, nuestra vida.

“Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios;”

Colosenses 1: 9 – 10.

“Dios en su poder, amor y soberanía decide a quién revelarle la verdad. Él escoge a quien iluminar los ojos del entendimiento, de lo contrario, la oscura bruma seguirá cegando la visión de los seres humanos”.  

El espíritu de sabiduría y de revelación nos permite llegar al corazón de Dios y a la vez, Dios nos permite conocer nuestro propio corazón. Y esa es la clave de la verdadera religión y de la vida, que nuestro ser esté plenamente conectado a fuente de vida que es el Señor.

Si tienes la paz de que Cristo se reveló a tu vida y te escogió para salvación, vive libre y agradecido de esa oportunidad milagrosa que Él te entregó. Si crees que lo perdiste de vista, vuelve a empezar y búscalo de manera inmediata, Él no rechaza a un corazón arrepentido y humillado.

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