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Neurociencia del Amor

La mayoría de las personas hemos tenido alguna vez la conocida sensación del “enamoramiento”, algunos siendo muy jóvenes y luego, cuando fueron mayores pensaron en que realmente no estaban enamorados, y ahora son esos mismos quienes dicen a los jóvenes que creen estar enamorados, que el “amor” que sienten no es el amor verdadero, que aún somos jóvenes, que más vale esperar, que lo que pensamos ahora no será lo mismo que pensaremos a los 40 o a los 50 y así…pero claro, ¿qué joven quiere escuchar eso cuando cree con todas las fuerzas de su corazón que está enamorado?… Alguna vez escuché la frase “juventud divino tesoro, que lástima que la tengan los jóvenes” y puedo entender el porqué de ella, y es que está comprobado que es durante la juventud en que más errores cometemos, y aunque es cierto que de los errores aprendemos mucho, también es cierto que las consecuencias de estos pueden durar para toda la vida.

Los expertos dicen que entre los 22 y 23 años, se puede detectar un pequeño cambio en nuestra madurez psicológica, pero el gran salto se registra recién hasta los 27, es decir, técnicamente antes de esto no tenemos la madurez real para tomar decisiones tan importantes como lo es definir de quién nos hemos enamorado o con quien queremos pasar el resto de nuestra vida, y aunque es común escuchar que para el amor no hay edad, y hoy en día la sociedad experimenta el amor en diferentes etapas y de diferentes formas, si realmente nos consideramos seguidores de Jesús, debemos pensar y obedecer a lo que él dice, aún cuando para otros parezca anticuado o aburrido.

Pero antes de hablar de esto, analizaremos un poco el cómo funcionan las reacciones durante el “enamoramiento” a nivel fisiológico.

En primer lugar quiero aclarar que el “amor”, el de las sensaciones, no el que nos presenta Jesús, sino ese que socialmente se conoce como amor, es una droga. ¡LITERALMENTE!.  Los centros neuronales que se activan en el encuentro con la persona que creemos amar son exactamente los mismos que se activan por el consumo de alcohol, tabaco y otras sustancias adictivas, es decir los centros localizados en el sistema límbico, ligado con las “recompensas”.

Lo que provoca la sensación placentera del enamoramiento es la secreción de dopamina. La dopamina activa diferentes partes del cerebro para provocar reacciones fisiológicas variadas, como lo serían el aumento de la frecuencia cardiaca o el aumento de la presión arterial y entonces, cuando la dopamina actúa sobre la corteza prefrontal de nuestros cerebro, ¡zas! estamos enamorados. Y yendo aún más allá, la razón por la cual secretamos dopamina, en el caso de los hombres es principalmente por el aspecto físico de una persona, ¡así es! aunque esta explicación suene cada vez menos romántica, no podemos negar la realidad de la ciencia. En el caso de las mujeres, aunque el proceso es algo más complejo ya que involucra otros sentidos tales como el tacto o el olfato e incluso el organismo intenta detectar la capacidad inmune de la persona en cuestión, no deja de ser menos sensorial lo que les atrae al momento de enamorarse.

Entonces, hasta ahora tenemos claro que fisiológicamente nos hemos enamorado, pero, he aquí la parte triste de la historia, y es que con el tiempo los receptores de la dopamina comienzan a perder su sensibilidad, esto es en un periodo de aproximadamente 3 años y entonces, así sin más, estos receptores dejarán de responder al estímulo inicial que desencadenaba la reacción placentera del encuentro con esa persona especial, las mariposas se han ido, ya nada parece tan perfecto como al principio. La única salvación en este caso es otro neurotransmisor conocido como oxitocina, cuya secreción está relacionada con la sensación de apego, el cual se estimula cuando fomentamos actitudes de admiración, cooperación e inclusive amistad dentro de la misma relación de pareja, ya que éstas están asociadas a una mayor secreción de oxitocina.

La Biblia nos enseña de muchas formas qué es el amor, y lo muestra a través de muchos ejemplos, en el caso de un joven apartando su mejor ofrenda al Señor, a través de un Padre dispuesto a sacrificar a su único hijo, a través 12 hombres dispuestos a abandonar sus vidas por ir tras los pasos de su maestro, a través de Jesús entregando su vida por nosotros. Pero cuando pienso en esas conductas de amor, que podemos resumir en obediencia, pasión y sacrificio, no puedo imaginar que lo sensorial sea lo que los impulsó, porque de hecho, no lo fué. Es cierto que Dios fue quien creó todas las emociones y sensaciones, sin embargo, no son estas las que deben guiar nuestra conducta, ya que tampoco son suficientes para perdurar a través de los años. El amor sobre el que Jesús nos enseña es un amor sobrenatural que va más allá de lo que nuestros limitados cuerpos y mentes puedan sentir, el amor del que nos enseña Jesús tiene de hecho muy poco que ver con lo que la sociedad conoce como amor, es mucho más sobre abandonarse que sobre tomar, es mucho más sobre sacrificios que sobre ganar, es extremadamente espiritual y poco y nada tiene de carnal, este amor viene directamente desde el cielo, es la clase de amor que Jesús sintió cuando dió su vida por nosotros no porque tuviera ganas de hacerlo, sino porque reposaba en él la responsabilidad de  hacerlo, y es ese amor el que en un futuro, nos bendecirá con familias sanas y firmemente establecidas.

Aunque muchas veces los jóvenes deseemos estúpidamente tener un amor en nuestra juventud, Jesús nos invita a ser sabios en nuestro comportamiento y nos dice que, aunque todo nos es lícito, no todo nos conviene y no debemos dejarnos dominar por nada (1 Corintios 6.12).

La juventud realmente es un divino tesoro que debemos aprender a atesorar cómo se debe, y aunque si bien es cierto siempre tendremos deseos propios de la juventud, es durante ella donde deberíamos aprender a pulir nuestro carácter y definir quiénes somos en Jesús, donde deberíamos experimentar el amor de y hacia Jesús, conociéndolo tan profundamente para en un futuro ser capaces entregarlo.

Sería absurdo que alguien que se ha declarado seguidor de Jesús, quisiera buscar una pareja antes de encontrarlo a él en plenitud, como también sería una locura pensar que Dios nos va a dar a nuestro compañero de vida, antes de que hayamos sido plenos en él. Dios es un Padre justo y ordenado, un Dios cronos para el cual el tiempo no es un problema, por lo tanto, él no está apresurado como muchas veces lo estamos nosotros.

En el libro de Timoteo, podemos leer a un Pablo sabio y experimentado aconsejando a un joven Timoteo, que aunque por lo que podemos leer, era un hombre consagrado a Jesús, Pablo no dejaba de amonestarle y recordarle que cuidara estrechamente sus acciones y que se mantuviera fiel, pues haciendo esto se salvaría así mismo y a quienes le rodeaban. (1 Timoteo 4.16)

Uno de los más claro consejos de Pablo fué:

Que nadie nos menospreciara por ser jóvenes, pero para que ese respeto fuera orgánico, debíamos ser ejemplo para quienes creen en Jesús, en la forma en que hablábamos, vivíamos, en amor, en fe y en pureza. (1 Timoteo 4.12)

Y finalmente…

Por eso, tú, Timoteo, hijo mío, aprópiate de las fuerzas que Jesucristo da por su amor. Lo que me has oído decir en presencia de muchos, enséñalo a creyentes de confianza que, a su vez, lo puedan enseñar a otros. Soporta los sufrimientos junto con nosotros como buen soldado de Jesucristo. No te enredes en los asuntos de esta vida, porque ello no le agradaría al que te tomó por soldado. De la misma manera, el atleta obedece las reglas del deporte si no quiere ser descalificado y perder el premio. También el agricultor: trabaja para recibir primero parte de la cosecha. Medita en esto que te digo, y que el Señor te ayude a comprenderlo.

2 Timoteo 2. 1-7

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